A medida que los vehículos eléctricos se convierten en una realidad cotidiana en toda Europa, el cable de carga se ha convertido silenciosamente en uno de los componentes más críticos —y a la vez más ignorados— de la cadena de carga. Mientras que los wallboxes, los vehículos y las baterías suelen acaparar la atención, el cable que los conecta desempeña un papel decisivo en la seguridad y la eficiencia con la que se transfiere la energía.
En Voldt®, los cables de carga para vehículos eléctricos se diseñan teniendo en cuenta estas condiciones reales de uso. En lugar de limitarse a cumplir los requisitos mínimos establecidos por las normativas, las especificaciones de los cables se eligen para mantener la estabilidad bajo corrientes elevadas durante periodos prolongados, variaciones de temperatura ambiente y un manejo mecánico diario.
Por qué el grosor del cable importa más de lo que la mayoría cree
En esencia, la carga de un vehículo eléctrico consiste en transportar corriente eléctrica desde la red hasta la batería del vehículo. Todo conductor ofrece cierta resistencia a ese flujo, y dicha resistencia convierte parte de la energía en calor. La resistencia aumenta a medida que el cable es más largo o más delgado, y la generación de calor aumenta con el cuadrado de la corriente. A 32 A —la corriente utilizada para carga en corriente alterna de 7,4 kW monofásica y 22 kW trifásica— incluso pequeñas diferencias en el diseño del cable pueden provocar cambios apreciables en temperatura y eficiencia.
Cobre, aluminio y por qué la elección del material es clave
El cobre sigue siendo el material más utilizado en los cables de carga flexibles para vehículos eléctricos porque combina una baja resistencia eléctrica, buena resistencia mecánica y un comportamiento estable frente a ciclos repetidos de calentamiento. Para cables que se enrollan, desenrollan y manipulan a diario, el cobre suele ser la opción preferida. Esta elección tiene menos que ver con la conductividad máxima teórica y más con un rendimiento predecible a lo largo de miles de ciclos de carga.
4 mm² frente a 6 mm²: lo que permiten las normas y lo que recomienda la ingeniería
Una de las preguntas más habituales en la carga de vehículos eléctricos es si un cable de 4 mm² es suficiente para operar a 32 A. Desde el punto de vista normativo, los conductores de 4 mm² pueden estar clasificados para 32 A bajo condiciones específicas, como longitudes de cable cortas y temperaturas ambiente moderadas. Sin embargo, la carga de vehículos eléctricos se considera una carga continua, lo que significa que la corriente puede circular durante varias horas sin interrupción.
Por este motivo, Voldt® diseña sus cables de carga AC de 32 A utilizando conductores de cobre de 6 mm² como estándar, incluso en situaciones en las que 4 mm² podría cumplir técnicamente los requisitos mínimos. Este enfoque prioriza la estabilidad térmica y un rendimiento predecible frente a una simple conformidad teórica. El uso de un conductor de 6 mm² en lugar de 4 mm² reduce la resistencia eléctrica aproximadamente en un tercio, lo que se traduce en temperaturas de funcionamiento más bajas y una menor tensión sobre los materiales aislantes.
Calor, caída de tensión y longitudes reales de cable
A medida que aumenta la longitud del cable, también lo hacen la resistencia y la generación de calor. En tramos de entre 10 y 15 metros, la diferencia entre 4 mm² y 6 mm² se vuelve más evidente. Voldt® apunta a caídas de tensión muy por debajo del uno por ciento, no porque las normas lo exijan, sino porque contribuye a mantener un comportamiento de carga estable en distintos vehículos e instalaciones.